Los ojos de un extraño

Fic de Zarlina. Traducido por MizukyChan

Los ojos de un extraño”

Bill tomó una bocanada de aire, mientras escuchaba a la mujer del parlante anunciar la llegada del tren y un minuto después, pudo oír el chillido distante del enorme vehículo bajando la velocidad porque se aproximaba a la plataforma. Sintió la vibración mientras se acercaba más, la brisa de aire desordenó su cabello cuando estuvo tan cerca que el sonido de los frenos hizo doler sus oídos.

No levantó la vista. No era el que estaba esperando, así que no se molestó en mirarlo.

Había estado sentado en la misma banca, cada día, por tres semanas. Escuchando los trenes, aprendiendo sus llegadas, sintiendo la vibración en el piso y observando a las muchas personas que subían o bajaban. Algunas de ellas estaban estresadas, probablemente porque no estaban acostumbradas a esta forma de transporte, algunas de ellas claramente pensaban que era tan normal como tomar un bus, y algunas casi parecían aburridas, como si fuera algo de lo que se habían cansado hace mucho.

Bill no había mirado sus rostros. No había querido empezar a reconocer a ninguno de ellos. Los primeros días los había observado mientras subían o bajaban, pero eventualmente, su mirada permanecía pegada al piso y había dejado que sus otros sentidos tomaran el control. Los sonidos. Las sensaciones. El olor.

Hoy sus ojos estaban cerrados. Estaba esperando que llegara ese tren. Al que le había seguido la pista todos los días, por casi un mes. Nunca llegaba tarde y nunca se detenía. Pasaba con tanta velocidad, que las personas que no estaban preparadas para ello, se encogían. Algunas se tapaban los oídos con las manos, para protegerlos del fuerte ruido, y casi todo el mundo daba un paso atrás cuando se aproximaba, sin importar si estaban cerca del borde o no.

Bill no se encogía. No se cubría los oídos, ni siquiera reaccionaba cuando pasaba. Y tan pronto como se iba, tan pronto dejaba de sentir la vibración que producía, se levantaba y se iba.

No estaba esperando viajar a ninguna parte, así que ¿para qué quedarse?

Escuchó a la gente subiendo, a la mujer anunciando que el tren estaba a punto de irse, el sonido de pasos veloces, mientras alguien corría y lograba entrar en el último segundo, justo antes de que las puertas se cerraran. Escuchó el silbato y el familiar sonido del tren comenzando a rodar. Si alguien todavía no había subido, sería demasiado tarde y tendrían que esperar el siguiente.

Sabía que sólo quedaban un par de minutos. Tragó y comenzó a contar los segundos.

Uno.

Dos.

Tres.

Cuatro.

Cinco.

Había planeado este día por meses, pero ahora que estaba allí, todo comenzó a sentirse irreal.

Veinte.

Veintiuno.

Veintidós.

Veintitrés.

Veinticuatro.

Veinticinco.

Mantuvo los ojos cerrados y la respiración tranquila. Estaba obligando a su corazón a mantenerse calmado, a asegurarse de no sentir el golpe de adrenalina que, en cambio, lo haría correr en dirección contraria.

Cincuenta y cinco.

Cincuenta y seis.

Cincuenta y siente.

Cincuenta y ocho

Cincuenta y nueve.

Sesenta.

El primer minuto pasó. Sólo quedaban tres. Siguió contando los segundos, hasta que empezó a escuchar los sonidos chillones a la distancia. Era otra clase de chirrido esta vez. No era de los frenos. Era simplemente el sonido que el tren producía cuando viajaba a alta velocidad, el sonido que hacía que la mayoría de las personas odiara vivir cerca de las vías férreas.

Abrió los ojos y se levantó de su asiento, luego dio diez pasos más cerca del borde de la plataforma. Había gente alrededor, gente esperando a que llegara su tren, pero nadie parecía haberlo notado a él. Estaban demasiado ocupados con sus celulares, hablando con sus amigos, o mirando con impaciencia la pantalla que mostraba las siguientes llegadas. A nadie le importaba el extraño que caminaba demasiado cerca de las vías, porque nadie pensaba que alguien sería lo suficientemente estúpido para ponerse en peligro.

No en ese lugar tan público. No con tantas personas alrededor.

Bill lo habría hecho en algún otro lugar, pero este era el mejor lugar para asegurarse de no vivir para contarlo.

Todos los otros lugares donde el tren pasaba a esta velocidad estaban en medio de la nada, donde notarían a alguien parado demasiado cerca, mucho antes de que el tren lo alcanzara. Comenzarían a apretar los frenos, por si acaso, y si no se movía lo suficientemente rápido… bueno, Bill había escuchado antes sobre personas que había sobrevivido y él no iba a ser una de ellas.

No, esto era mejor. Alguien parado junto al borde, no era algo sobre lo que reaccionaran mucho. No aquí. Había demasiada gente, lo único que ellos miraban era si había alguien en las vías. Él, de pie en la línea amarilla que intentaba prevenirte, decirte que dieras un paso atrás, no era algo de lo que se preocupaban. No hasta que era demasiado tarde.

Podía sentir el piso vibrando debajo de él y levantó la vista para observar que el fin de su vida se acercaba. Comenzó a contar nuevamente, esta vez al revés. Lo había planeado perfectamente, para que nadie tuviera tiempo de interactuar. Para que nadie lo arruinara.

Veinte.

Diecinueve.

Dieciocho.

Diecisiete.

Dieciséis.

Quince.

Dio un paso más cerca, su boca se secó y trató de tragar la sensación incómoda.

Diez.

Nueve.

Ocho.

Siete.

Séis.

Cinco.

Respiró profundamente. Eso era todo. Por fin llegaría el fin. Finalmente terminaría.

Tres.

Dos.

Uno.

Había una mano en su hombro y con un jadeo de sorpresa, giró alrededor. Y justo cuando oyó el silbato de advertencia por estar muy cerca, alzó la vista y encontró los ojos de un extraño. Un extraño con ojos avellana, llenos de preocupación. No dijo nada. No lo sostuvo. El único contacto entre ellos fue la mano en el hombro de Bill y aquellos ojos fijos en los suyos, también de color café.

El tren tronó. El suelo bajo ellos se estremeció, mientras los ojos del extraño ardían en los de Bill.

Había perdido su oportunidad.

El extraño le había hecho perder su oportunidad.

Él todavía no decía una palabra. El tren continuó pasando a una velocidad imposible. La ráfaga de aire era lo suficientemente fuerte como para tambalearlos si no estuvieran tan acostumbrados a ella, e hizo que su cabello se revolviera, dejando los oscuros mechones de Bill más desordenados que antes.

Y entonces se fue. El cabello de Bill volvió a caer sobre sus hombros porque el viento se fue junto al tren, la vibraciones del suelo se notaban cada vez menos, hasta que ya no se sentían y los sonidos estaban demasiado distantes como para escucharlos.

Bill siguió mirando los ojos del extraño, quien aunque no se habían visto antes, había demostrado que se preocupaba más que nadie en la vida de Bill. Más que toda la gente que había visto como se volvía una persona silenciosa y oscura, que odiaba todo y a todos, casi tanto como a sí mismo; más que los maestros que alguna vez habían dicho que si necesitaba algo podía hablar con ellos, pero cuando alguien realmente los buscaba, ellos volteaban en otra dirección.

El extraño que lo miraba con preocupación en los ojos, más que cualquier par de ojos que Bill hubiese visto antes.

Bill tenía tantas preguntas, pero cuando separó sus labios, sólo una pregunta salió de su garganta.

¿Por qué?

El extraño sonrió y su mano dejó el hombro de Bill para acariciar su mejilla.

Porque no es tu tiempo respondió con suavidad. Las palabras sonaron más como música que verdaderas palabras. No todavía.

Bill quería contestar, pero el hombre dejó que sus dedos pasaran por su mejilla otra vez y Bill cerró los ojos ante el toque, sintiendo que todo su cuerpo se volvía cálido y una extraña clase de paz llenó su mente, una sensación de que todo estaría bien. Y sólo entonces, por primera vez en años, sintió que de verdad estaría bien.

Abrió los ojos otra vez y parpadeó sorprendido.

El extraño se había ido. La plataforma estaba llena de personas, tal como había estado un minuto atrás, pero el hombre que había impedido que Bill terminara con su vida, no se veía por ninguna parte.

Bill miró alrededor, confundido, sin estar seguro de cómo había desaparecido tan rápido, parpadeó nuevamente cuando sus ojos cayeron en algo que sabía, estaba completamente fuera de lugar.

Allí, en el piso frente a él, donde el hombre extraño con ojos avellana había estado parado segundos antes, había una pluma blanca.

& Fin parte 1 &

Aaaww, ¿hay alguien llorando? La verdad es que fue un alivio que Bill no acabara con su vida, porque ese maravilloso extraño (ángel) lo detuvo justo a tiempo. Espero que este fic, le de ánimo y esperanza a muchas personas que no lo están pasando bien ahora mismo. Existen dos one-shots adicionales a esta serie, que pronto formarán parte de esta página, los invito a todos a leerlos, porque Zarlina describió la depresión de una manera tan real, que de verdad, te ayudan a ver que no están solos en el mundo, hay muchas personas que se sienten igual que ustedes. No están solos.

MizukyChan: Administradora del sitio. También escritora y traductora del fandom.

2 Comments

  1. Bellisimo y triste one shot … ya lo había leido hace varios años … es una joyita. Me encantó. Gracias por publicarlo nuevamente . Besos.

  2. *u* que hermosa y triste historia ya estoy anciosa de leer su continuacion .

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