Día especial

RESUMEN: Bill y Tom en un día libre cualquiera.

TÍTULO: “Día especial”

AUTOR: Maggot

Banner: Creación de MizukyChan

Audiencia: PG-13

Categoría: Slash

Personajes: Bill Kaulitz, Tom Kaulitz

Advertencias: Incesto

Extensión: One-Shot

Género: Romance, Ternura, Twincest

Ocasión: No

Pareja Principal: Bill/Tom

Pareja Secundaria: No

Series: No

Estado Actual: Fanfic Terminado

Total capítulos: 1

Autor: Para la chica (Ady/Bea) que hice este shot me pidió que tomara en cuenta esta cita de una entrevista real.

Cita Traducida: (los errores son míos)

Cuando Bill y tú están juntos, ¿De qué hablan?

Tom: ¿Te refieres a cuando estamos juntos? Decidimos todo juntos, no importa lo que sea. Cuando estamos echados sobre la cama, todavía discutimos sobre si elegir entre café helado o café caliente, o qué color es mejor para el cuarto de ensayos o qué canción debemos tocar o cómo debemos tocarla en el show. Compartimos todo entre nosotros.

Día especial

Día especial”

Tom

Había conectado los cascos a la laptop para poder utilizarla y no molestar a Bill que dormía plácidamente a mi costado. Traía el rostro relajado a excepción de sus cejas que estaban fruncidas, se me antojó separarlas pero me abstuve, él merecía descansar y con ese acto irremediablemente se despertaría; si bien tenemos sueño pesado, el tacto entre nosotros nos deja sin rezago de ello, hábito de niñez, siempre que uno tenía pesadillas rozaba el hombro del otro para dejarlo dormir en su cama, o simplemente para sentir un abrazo, en él, nos sentíamos seguros más que en cualquier otro lugar, era como nuestro hogar.

Pum, pum, pum…

Podía, más que escuchar, percibir las vibraciones que dejaban mis dedos sobre el borde del teclado, los tamborileaba al ritmo de la música que sonaba. Un grupo que no era parte de mi playlist, pero por recomendación lo había oído y por elección personal me había terminado gustando.

En realidad era algo tonto quizás estar tan temprano con la máquina prendida, pero debía revisar a fuerzas por el trabajo, sería intolerable un mensaje que nos pida la presencia allá cuando era nuestro día libre, pero por eso mismo, si había algún percance lo arreglaba mejor ahora por teléfono en vez de arruinar todo nuestro día.

Di un brinco sujetando por inercia la máquina cuando sentí un movimiento brusco en la cama. Me quité los cascos y te vi blasfemar al aire mientras caminabas en círculos buscando algo con la mirada.

Tu móvil está en tus vaqueros de ayer y cayeron… —fruncí el ceño tratando de recordar dónde él los había lanzado anoche—. Allá —señalé debajo de su armario.

Se movió como un autómata agachándose para sacar su prenda de vestir de allí y la dejó caer sin cuidado obteniendo lo que quería.

¡Mierda, mierda, mierda! ¡Cómo diablos apagué la alarma! —sonreí divertido frente a la imagen de él en bóxer y con una playera grande, mientras que sus cabellos revoloteaban al andar.

Cerré la laptop levantándome de la cama para darme a su encuentro, dándole un abrazo por la espalda y apoyando mi quijada en la unión de su hombro y cuello.

Hoy es nuestro día libre —le susurré bajito en el oído y pude sentir cuando dejó salir exageradamente aire de sus pulmones en un suspiro—. ¿Vuelve a la cama, sí? —asintió y me jaló consigo a la cama, cayendo como sea sobre ella y soltando risas cuando por nuestro peso, el colchón retumbaba.

Nos miramos un momento y me acomodé más sobre él, sintiendo en mi nariz su almizcle entremezclado con el jabón que usamos, que aunque sea el mismo, lo sentía mejor en Bill.

Te amo —le dije sin mirarlo, aún perdido en su cuello y con sus puntas de cabello dándome cosquillas—. ¿Por qué no dices nada?

¿Crees que a nosotros nos basta un te amo, eh? —fruncí la nariz y me dejé caer a un lado de la cama para poder verlo.

Lo miré expectante, me sonrió con los ojos brillosos, no por haber despertado recientemente, sino porque las ideas que recorrían su mente tenían tanto que lo apasionaba que se transmitían sobre todo él, desde sus ojos, hasta sus labios, hasta la forma en la cual me toma de la mano en este instante y si yo lo sabía, no era que lo entendía necesariamente, sino que estábamos ligados tan estrechamente que éramos un todo.

Imagínate que estás sentado en la cima del mundo… —cerré los ojos—. El aire rozándote el rostro como a nadie nunca se lo ha acariciado, el resplandor del cielo te llega de lleno a la cara, tienes todo a tus pies y te crees afortunado de ser parte de esto, lo más bello al alcance de tus dedos y es tuyo, de forma que no quieres compartirlo con nadie. ¿Ya lo ves? —asentí, sus palabras sonaban algo lejanas porque realmente me imaginaba todo aquello—. Eso que sientes… es lo yo siento por ti, cada vez que estoy a tu lado, cada vez que pienso en ti, cada vez que me miras, cada vez que te siento. Todo eso se arremolina aquí —se señaló al pecho—, y se graba aquí —apuntó a su cabeza y me sentí feliz no pudiendo evitar sonreír como un tonto.

¿Qué más podía hacer?

Nada. Solo apretarle más la mano y sentirlo, junto a mí. Ninguna palabra bastaría para expresar lo que sentimos.

Porque… ¿Cuántas veces había buscado encontrarle sentido a esto?

Muchas, puesto que todo comienzo es difícil y lo nuestro no fue la excepción. Porque si bien dejábamos por sentado el confort que nos embargaba al estar juntos, el contar con nosotros mismos para cualquier circunstancia, el no permitir que nadie jamás nos separase, a pesar de todo. Cuando todo empezó, porque no se trataba sobre algo que ya sabíamos o que estábamos acostumbrados a sentir, sino tenía que ver con el rompimiento de todo aquello para comenzar algo nuevo. Recuerdo que lloramos, en un principio sin ser capaces de pedir consuelo al otro, pero terminando haciéndolo porque aun éramos hermanos… somos hermanos, pero esa simple palabra siempre fue demasiado pequeña.

Cuando amas a alguien a tal grado de no concebir la idea de una vida independientemente de la otra persona, cuando te percatas que tus ojos se vuelven espejos que retratan su rostro, cuando es algo mucho más allá de lo físico, porque lo nuestro no empezó como algo así. Somos almas gemelas.

Éramos el mismo ser, la misma carne, la misma sangre, el mismo hálito de vida pero nos dividieron, y así lo considero mejor puesto que puedo amarte. Siempre te tengo dentro de mí y a ti te pasa lo mismo. No hay sentido aparente en esto, sin embargo, para mí, sería ilógico el no amarte cuando nací para hacerlo.

&

¿Qué haremos hoy? —pregunté después de recuperar el aire tras la sesión matutina de cosquillas.

Me miraste para luego cerrar los ojos y sujetar el puente de tu nariz, hundiéndote más en el colchón.

Pues… déjame pensar… ¿Qué te parece si nuestra agenda incluye lo siguiente: dormir, dormir y dormir? —alcé una ceja y medio sonreí, es que tú eras capaz de dormir todo el día sin despertarte ni para comer y sino protesto es posible que me quede a tu lado, y por más que sea tentadora la idea, no es dable para hoy.

Bill…

¡Ah! ¡Cómo pude olvidar lo más fundamental!… Dormir —bufé y rodé en la cama, dándote la espalda—. Pero si lo pones de esa manera…—Me estremecí al sentir sus dedos pasar mi espalda, trazando un camino sobre mi espina dorsal, y esto no era con intención de provocarme cosquillas.

Hey… hey… —moví mi brazo tanteando en búsqueda de su mano, y la agarré, torcí el cuello para verlo.

Le di una mirada de advertencia que destrozó con otra en respuesta y al relamerse los labios. Tragué duro.

Bill…—insistí con voz trémula y alzó ambas cejas.

¿Sí, Tomi? —cada vez más cerca y podía sentir tu aliento y mis vellos se erizaban enseguida, reconociéndote.

Caímos al suelo por la mala posición. Arqueé mi espalda por el impacto y siseé por el dolor mientras que te reías como tonto y te apoyabas en tus palmas para tener tu rostro a la altura del mío y buscaste mis labios, yo volteé la cara rechazándote a juego, pero eso no te detuvo y atacaste mi cuello a punto de besos sonoros, haciéndome sonreír por tus labios en zonas sensibles de manera tan repentina y rauda.

Mordisqueaste mi quijada perezosamente y me alcé un poco rogando por más contacto con tu cuerpo y claramente sentía por sobre las telas lo que provocaba este momento de retozar.

Te agarré de los hombros y te puse bajo mío, escuchando un quejido por el movimiento brusco. Te levanté un poco la ancha playera que me habías “pedido prestada” y nunca devuelto; tu piel desnuda, con solo la tinta cubriéndote, un mensaje privado, un secreto nuestro en tu piel, que me pertenece, para siempre, también observé esa estrella curiosa que parecía moverse al tu respirar de manera acelerada, y es que ese trazo de un cuerpo celeste me recordaba que tu cuerpo es mi cielo y en él me puedo perder.

Te miré el rostro de reojo y, aún viéndote, bajé hacia tu vientre, abrí la boca poniéndola sobre tu piel expuesta y expulsé aire con fuerza haciendo que un ruido gracioso inunda nuestro momento y de paso sacarte una sonrisa.

Puse mis manos en el suelo y me levanté para correr frente a tu mirada atónita. Absurdo, no para nosotros.

¡Tom Kaulitz! ¡Ni pienses que me vas a dejar así!—escuché tu grito con voz grave y ronco.

Podía imaginarte con una mano en la cadera, posando tu peso en un pie, y con la otra mano señalando al bulto en tu bóxer y eso me dio más gracia por lo que apuré el paso para bajar las escaleras.

Oía también tus pasos torpes en mi búsqueda.

Apenas llegué al último escalón, me detuve y escudriñaba con la mirada dónde esconderme. Craso error. Había olvidado lo largas que son nuestras piernas y que gracias a ello podías bajar los escalones de dos en dos. Solo percibí mi cara chocar contra el suelo de una manera no muy agradable.

¿Me dejas así, eh? —sentí tus caderas mecerse sobre mi parte baja y ahogué un gemido, encogiendo mis dedos de mis manos sobre el piso frío.

El suelo está duro —dije con un tono que evidenciaba que era mala idea seguir con aquello en esa posición y con mis pies aun sobre el último escalón.

Yo también y nadie ha hecho alusión a ello —rodé los ojos a sabiendas de que no podía verme.

Bill… —solté a modo de queja, sus movimientos cadenciosos se detuvieron y se paró de encima de mí.

Me levanté y le di una mirada de reproche.

Sigo duro —sonreí con malicia.

Hazte una… —Antes de terminar mi frase tenía tus labios colisionando contra los míos, encajando nuestros rostros en perfecta sincronía y entrelazando nuestros dedos casi de inmediato.

Era así con cada beso, desde el más casto y corto, hasta el más apasionado y largo de duración.

Nunca nos hastiábamos del sabor que destilaban nuestras bocas, de la suavidad características de las mismas, así llevasen lipstick o no, porque no era un beso solamente. Era como descubrirnos más, como ya no poder soportar más ese cosquilleo sobre nuestros labios al estar juntos, cuando las palabras salen sobrando y las miradas dicen demasiado. No se trataba solo de sentir, sino de sentirnos.

Sofá, ahora —jadeé casi sin aire al separarnos y, aún con los dedos entrelazados, me jalaste en dirección del mueble, deshaciendo nuestro agarre y empujándome levemente haciéndome flaquear las piernas cuento la parte de atrás de mis rodillas chocaron con los brazos del sillón, provocando de caiga de espalda en toda la extensión del sofá.

Todavía no recuperándome de lo sucedido, te sentí caer sobre mí con tus rodillas acomodándose en el vacío que había entre mis piernas.

Otra vez tu boca comiéndose la mía, nuevamente la cercanía y los roces. Mis dedos perdiéndose entre tus cabellos y tus manos haciendo espacio entre nuestros cuerpos para meterse bajo mi playera y tocar mi piel. Porque debemos aprovechar cada maldito segundo de nuestra soledad compartida, así parezcamos adolescentes con las hormonas por los cielos, porque esto es por cada beso no dado cuando estamos en el ojo público, por cada respuesta falsa con respecto a nosotros para la prensa, por cada cercanía no concretada en los conciertos.

Las ropas fueron lanzadas sin cuidado y fue la mismísima gloria el sentir tu piel contra la mía.

Quemaba tu tacto, y tu voz me estremecía. Nuestros ojos se conectaron y nos fundimos en un solo ser, y es que eso somos, uno solo, un alma separada en dos cuerpos…

.

Bill

Sentía aún la modorra en el cuerpo, ese habitual letargo que te embarga después de una actividad extenuante como hacer el amor, no es que me queje, todo lo contrario.

Reprimí un bostezo y pasé mi mano por sus cabellos alborotados. Él se irritaba cuando un solo cabello se salía de sus trenzas y había terminado por quitárselas él mismo cuando eso pasó, pero lo conocía, hoy mismo iría a hacérselas de nuevo.

Estábamos en la cama y sin ropa. Habíamos subido desnudos entre besos para continuar en el cuarto al haber sido incómodo sobre el sofá, y las dejamos olvidadas en la planta baja. Pero me gustaba sentirme así, quizás de una forma bizarra al tener su esencia sobre mi vientre haciéndolo pegajoso al tacto, pero luego me bañaría, ahora quería disfrutar esta sensación un poco más. Lo miré de reojo, apoyando su cabeza en mi pecho y con los ojos cerrados, solo sábanas cubriéndolo, no me cansaba de esa imagen, de verlo así, tan frágil, tan al natural, tan mío.

Todavía estaba despierto, lo percibía por su respiración, pero no tardaría en dormirse.

Tom…

¿Humnn? —ronroneó y yo sonreí, jalándole un mechón de cabello para despabilarlo.

Tengo hambre —reclamé y como dando acto de presencia para reafirmar lo dicho mi estómago soltó un rugido.

Cocínate algo. —Me dijo con voz gangosa, pasé mis uñas con cuidado por sobre su hombro y brazo evitando que se duerma.

Pero quiero que tú lo hagas —musité y gruñó.

No quiero… —refunfuñó como un niño pequeño haciendo una cabriola infantil, y buscó hundirse en mi pecho.

Adoro tus waffles, Kaulitz. Consiénteme en nuestro día libre.

Por eso mismo. Se supone que ninguno de los dos debe hacer nada. —Tenía sentido y sonreí pasando ahora mis dedos por su brazo en una caricia gentil.

Entonces comamos fuera nuestro desayuno.

¿A las trece horas? —ahora alzó el tronco con ayuda de sus manos mirándome incrédulo.

Claro, ¿con quién crees que estás hablando, Kaulitz? —fruncí el ceño haciéndome el ofendido.

Con un maldito manipulador —respondió sonriente y le guiñé un ojo.

Exacto —me senté en la cama y cogí mi móvil, que ahora estaba en la mesilla de mi lado—. Antes de llamar debemos tomar decisiones de suma importancia —dije categórico, bufó mientras rodaba los ojos.

Con crema y mucha azúcar. Poca sal y en forma de oso —vocalicé un gracias con los labios sin emitir sonido y le mandé un beso mientras presionaba marcación rápida a uno de los pocos lugares que nos traían desayuno personalizado a estas horas del día.

&

Bill… —me saqué el cepillo dental de la boca y lo miré desde el baño, estaba sentado en el borde de la cama, ya vestido.

¿Qué? —pregunté, de seguro viéndome como un perro con rabia.

Tengo una cita en la peluquería —asentí cuando levantó la mirada—, ¿me acompañas?

Me ofendes al preguntar… ¿acaso crees que te hubiera dejado ir solo? —escupí la pasta tras lo dicho y de reojo vi su sonrisa tímida.

No —respondió.

Hice hueco con mis manos juntas para coger agua para luego meterla en mi boca y botarla de nuevo.

Tomé el enjuague e hice lo mismo.

Me pongo algo decente y nos vamos —dije con la boca vacía y acomodé mi cepillo.

Salí del baño rebuscando en mi armario algo no llamativo pero que combine bien.

Bill.

¿Qué? —pregunté aún de espaldas.

¿Podemos ir a comprar cosas para la casa? Es que no siento como si fuera nuestra casa al haberla comprado con todo y muebles. Quiero personalizarla, hacerla nuestra.

Lo hemos hecho en el sofá, la cocina, la lavandería, el cuarto de huéspedes, la sala, el cuarto de grabaciones, la sala de ensayos y en nuestro cuarto, y si eso no la hace nuestra muero por conocer qué la hará —dije divertido y soltó risotadas.

Me quité la pijama que me había puesto tras bañarme para recibir el delivery y me puse unos vaqueros simples, luego una playera blanca con un estampado tenue y una cazadora encima. Sólo faltaban los lentes y la gorra.

&

¿Mejor? —le interrogué con las trenzas ya hechas, soltó un suspiro en respuesta.

Sí, no sabes que frustrante es estar con el cabello desordenado yéndosete por toda la cara en el más mínimo movimiento —dijo haciendo ademanes con la mano como si fuese un monstruo de cabellos, le sonreí y negué con la cabeza, que ahora tenga el cabello corto no significa que no lo haya llevado antes largo. Él a veces es un tanto paranoico—. ¿Y dónde vamos a hacer las compras?

En el mercado de pulgas —paró en seco, volteé a mirarlo y me encontré con su rostro pasmado.

¿Qué?

¿Y si nos reconocen?

Tranquilo, hay mucha gente, no creo que nos busquen ahí. —Le posé una mano en el hombro para relajarlo y asintió.

Se incomodaba con la falta de privacidad a la cual estábamos expuestos. En realidad, a mí también me molestaba el no poder pasar un día con él sin que busquen entrometerse, no me gustaba que se sienta así por otros.

&

Míralo, es hermoso.

Ni lo pienses, no combina con nada de la casa. —Se acercó a mi oído pero sea lo que fuese lo que me dijese no me convencería de comprar ese mueble estilo barroco, que como bien dice su nombre, es chillonamente recargado.

Piensa en cómo lo podríamos estrenar…—Se me secó la boca frente a la idea de su piel bronceada sudada contrastando con el terciopelo rojo mientras dice “Bill… Bill… ¡Oh Bill!”

¿Acepta tarjetas de crédito, verdad? —le pregunté al hombre y éste asintió consecutivamente. Esto iría a dolerle a mi billetera.

Ya teníamos varias bolsas, cosas pequeñas, más que nada cachivaches que él me había obligado a comprar, alegando que le daría un toque más “hogareño” a la casa, pero hasta ahora no relacionaba eso con la estatuilla de E.T que me exigió regalarle.

Las cosas grandes nos serían entregadas directamente a la casa: un librero que me había llamado la atención, pero que no veía el caso comprarlo al nosotros no ser adeptos a la lectura, sin embargo, terminé haciéndolo porque Tom dijo que un día tendríamos una biblioteca en casa; un aparador para la loza nueva y una cama para perros (para mi consentida). Lo demás lo llevábamos en mano… sigue siendo un misterio pendiente sobre la estatuilla de E.T.

Tom, ya vámonos.

Sí, sí, ya casi… ¡Oh mira! ¡Una puerta de roble! —me encantaba verlo entusiasmado pero creo que ya es suficiente compra innecesaria por hoy.

Tom… —volteó a verme y bajó el dedo con el cual señalaba la dichosa puerta.

Perdón, ya vámonos…

Agh… Okay, compras la maldita puerta y nos vamos. —Era tan fácil hacerle sonreír. Negué con la cabeza y le seguí.

¿Quién dijo que los días libres son para descansar?

Pero a pesar de todo… me siento feliz, porque sea lo que sea lo que esté haciendo, así sea comprar una mísera puerta que cuesta el doble que todo mi outfit, es junto a ti y eso hace que un día cualquiera, sea un día especial.

F I N

DISCLAIMER: Los nombres/imágenes de las celebridades son sólo prestados, no representan a las celebridades en la vida real. No se intenta ofenderlos, ni a sus familias, ni a sus amigos. Los personajes originales y las tramas son propiedades del autor. Es un trabajo de ficción. No se infringe copyright. No se acepta el plagio.

MizukyChan: Administradora del sitio. También escritora y traductora del fandom.

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