RESUMEN: En la serie «Hermanos Kaulitz» interpretan a dos gemelos codiciados y absurdamente unidos. El público los adora. Pero fuera del set… es otra cosa.
TÍTULO: “Ups, nos descubrieron”
AUTOR: Tollscene
Banner: Creación de Tollscene
Audiencia: NC-17
Categoría: Slash
Personajes: Bill Kaulitz, Tom Kaulitz
Advertencias: BotBill, Contenido Adulto, Incesto
Extensión: Drabble
Género: Lime/Lemon, Twincest, Universo Alterno
Ocasión: No
Pareja Principal: Bill / Tom
Pareja Secundaria: No
Series: No
Estado Actual: Fanfic Terminado
Total Capítulos: 1
Publicado el: 08 de Septiembre, 2026
Notas: Leer bajo el banner

«Ups, nos descubrieron»
(Drabble de Tollscene)
Bill y Tom Kaulitz no son hermanos. Nunca lo han sido.
En la serie absurda «Hermanos Kaulitz» interpretan a dos gemelos codiciados, caóticos y absurdamente unidos. El público los adora. Los tabloides los llaman “los hermanos más sexys de Alemania”. En los rodajes se abrazan, se empujan, se llaman “hermano” con una naturalidad que hace reír a todo el equipo.
Fuera del set es otra cosa.
Esa noche el rodaje se alargó hasta las tres de la mañana. Cuando por fin apagaron las luces, Bill y Tom se escabulleron por la puerta de servicio del estudio, subieron al coche negro y condujeron en silencio hasta el aparcamiento subterráneo de un hotel de lujo a las afueras de la ciudad. No dijeron ni una palabra. No hacía falta.
Apenas cerraron la puerta de la suite, Tom empujó a Bill contra la pared.
—Quítate esa puta camisa de “hermano mayor” —ordenó con la voz baja y ronca.
Bill obedeció. Se la arrancó y la tiró al suelo. Tom no esperó. Le agarró del cuello con una mano y con la otra le bajó los pantalones y la ropa interior de un tirón. Bill ya estaba duro, gotas brillando en la punta. Tom sonrió de lado, esa sonrisa peligrosa que nunca salía en cámara.
—Mírate. El pasivo perfecto del set más absurdo de la televisión.
Lo giró bruscamente y lo empujó hacia la cama. Bill cayó de bruces sobre el colchón. Tom se quitó la ropa sin prisa, dejando que Bill escuchara cada sonido: el cinturón, la cremallera, el golpe sordo de la ropa contra el suelo. Luego se arrodilló detrás de él, le separó las nalgas con las dos manos y escupió directamente sobre su agujero.
—Respira —ordenó.
Dos dedos gruesos entraron de golpe. Bill soltó un gemido ahogado contra la almohada. Tom no fue amable. Lo abrió rápido, con movimientos precisos y duros, hasta que los dedos se movían sin resistencia. Entonces se alineó, se agarró de las caderas de Bill y empujó.
La entrada fue brutal.
Bill gritó. Tom no se detuvo. Empezó a follarlo con embestidas largas y profundas, el sonido húmedo y obsceno llenando la habitación. Cada embestida hacía que el cuerpo de Bill se sacudiera contra el colchón. Tom le agarró del pelo y le tiró la cabeza hacia atrás.
—Di mi nombre.
—Tom… joder, Tom…
—Más alto.
—¡Tom!
Tom aceleró. Lo follaba como si quisiera marcarle por dentro, como si necesitara recordar que fuera de las cámaras Bill no era su hermano, era suyo. La cama golpeaba contra la pared. Bill ya no intentaba contener los gemidos; cada embestida le arrancaba un sonido más alto, más roto. Tom le dio una palmada fuerte en una nalga y luego otra, dejando la marca roja.
—Te gusta que te folle así, ¿verdad? Después de pasar el día fingiendo que somos hermanos.
—Sí… sí, joder, sí…
Tom lo levantó un poco, le pasó un brazo por el pecho y lo empujó hasta que Bill quedó arrodillado, espalda contra el pecho de Tom. Desde esa posición lo penetró todavía más profundo. Bill temblaba. Tom le masturbó con la mano libre, sincronizando los movimientos con las embestidas.
—Vas a correrte sin que te lo diga —susurró contra su oído—. Y cuando lo hagas, voy a seguir follándote hasta que no puedas ni hablar.
Bill se corrió primero, con un gemido largo y desesperado, manchando las sábanas. Tom no se detuvo. Siguió embistiendo, usando el cuerpo tembloroso de Bill, hasta que se corrió dentro de él con un gruñido bajo, clavándole los dedos en las caderas con fuerza suficiente para dejar moratones.
Se quedaron así unos segundos, respirando agitados, sudados, unidos.
Entonces sonó el teléfono de Tom.
Era un mensaje del jefe de prensa. Luego otro. Luego una llamada.
Tom se separó de Bill, cogió el móvil y leyó. Su expresión cambió.
En el aparcamiento del hotel había una furgoneta de un medio rosa. Alguien los había seguido desde el estudio. Habían sacado fotos a través de una ventana mal cerrada: Tom empujando a Bill contra la pared, Bill de rodillas, Tom follándolo por detrás con la cara de quien no está interpretando nada.
El titular que ya circulaba en borrador era brutal:
**“LOS HERMANOS KAULITZ NO SON HERMANOS… Y SE FOLLAN COMO ANIMALES”**
Bill, todavía con el semen de Tom resbalándole por el muslo, se rio bajito, agotado.
—Joder.
Tom miró las fotos, luego miró a Bill, todavía abierto y marcado sobre la cama, y soltó una risa corta y oscura.
—Que corran la historia.
Se inclinó, le mordió el hombro y le susurró al oído:
—Mañana en el set sigues siendo mi hermano.
Pero esta noche… y todas las que quiera… eres mío.
Y volvió a empujarlo de bruces sobre la cama.
F I N
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